Ser yo

Muchas veces intento explicarle lo que siento y acabo por decirle simple y llanamente que es muy difícil ser yo.

Seguramente lo que pienso y lo que siento no sea nada del otro mundo; entre siete mil millones de personas debe haber otras personas que se parezcan a mí; pero esto no es algo fácil de explicar y no sé si en realidad seré rara.

Siempre hay un agobio, un pensamiento negativo, una preocupación. Si no tengo trabajo, porque no lo tengo; si lo tengo, porque no puedo evitar pensar que un día la cagaré y me echarán. Si no tengo pareja, porque estoy sola; si la tengo, porque me da miedo que se canse de mí y me deje.

Me resulta muy difícil desconectar; sólo puedo hacerlo en contadas ocasiones como, por ejemplo, cuando leo, juego a algo o veo una película. Y, a veces, ni eso; porque me dejo llevar por mis pensamientos y preocupaciones y me distraigo de los argumentos y las tramas.

Cuando discuto con alguien o tengo un disgusto, no puedo dejar de darle vueltas al asunto, como si eso pudiera solucionarlo. Se me pone un nudo en la garganta y un cosquilleo en el estómago que no desaparecen hasta que el tiempo lo cura o hasta que escribo sobre ello. Siempre hay una nube negrísima merodeando por mi mente, esperando la próxima tragedia, el siguiente suceso. No puedo evitar esa sensación continua de mal presentimiento que me ahoga en el pecho. A veces estos presentimientos se cumplen; otras no. Como todo lo que no tiene sentido y se basa en sensaciones y sentimientos, supongo.

El sentimiento que más tiempo ocupa mi mente sin duda es la preocupación. Me preocupo antes de que pasen las cosas, porque tengo miedo a que salgan mal. Me preocupo después si no salieron como yo esperaba. Por desgracia, en la vida la mayoría de las veces las cosas no salen como una espera; así que me paso la vida navegando por un mar de inquietudes.

Quiero que todo sea perfecto; que todo salga bien, controlar todo lo que pueda para que la vida funcione como la maquinaria de un reloj. Pero claro, esto es imposible… Puedo controlar quizá un veinte por ciento de las cosas que me ocurren; a lo sumo un treinta. Y esa es la madre de las preocupaciones y los agobios. Odio la incertidumbre, el no saber. Esa sensación me mata.

Por eso no me gusta cambiar mis planes, me cuesta ser flexible. Por eso si algo sale diferente a como yo esperaba me enfado. Por eso discuto muchas veces sin sentido y con los que más quiero. Y por todo esto es difícil ser yo.

La sonrisa de Zaid

El jueves pasado, casualidades de la vida, subí a un autobús que no suelo coger para ir a casa. Al bajar, vi extrañada cómo había un gran despliegue de medios de comunicación en una de las calles más concurridas de Getafe: varias unidades móviles, un buen puñado de trípodes esperando a que el personal técnico colocara en ellos sus cámaras, periodistas repasando guiones…  Me pregunté qué estaría pasando…

Y entonces le vi; con una sonrisa de oreja a oreja y una camiseta del Real Madrid, salía del portal. La cara de ese niño me resultaba conocida… Y caí en la cuenta de que se trataba de Zaid, el niño sirio que ha sido acogido junto a su padre en el pueblo en el que vivo. Al ver esa sonrisa se me puso la carne de gallina. Sólo podía pensar en todo lo que ese niño había vivido antes de llegar aquí; en cuánto tiempo haría que no podía sonreír de esa manera.

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Un niño que ha vivido la sinrazón de una guerra terrorífica que dura ya más de cuatro años, demasiados; una guerra ignorada por Occidente, una guerra que sólo ha empezado a preocupar a nuestros gobernantes cuando han visto mareas de gente intentando alcanzar nuestras costas. Hasta entonces, nada; no era nuestro problema. Que se maten entre ellos, total, qué más da lo que ocurra a miles de kilómetros de aquí.

No puedo ni comenzar a imaginarme lo que tiene que ser vivir un conflicto de esas características; tener que huir, llegar a Europa y que lo que te reciba sea la sinrazón humana en forma de zancadilla. A la desesperación se le une la incredulidad y la incomprensión de que alguien pueda llegar a tener el corazón podrido de odio. ¿Ese es el recibimiento que debe recibir un ser humano que está luchando por sobrevivir; que huye de la guerra, la escasez y el miedo?

Tampoco puedo dejar de pensar en que, mientras otros niños y niñas sirios no tienen la misma suerte que ha tenido Zaid, en las altas esferas de la Unión Europea se pasan la pelota unos a otros, hablan de cupos de personas como si fueran mercancía, cierran fronteras y les dan la espalda a todas esas personas que han arriesgado sus vidas para poder llegar hasta aquí. No puedo comprender que no se preste ayuda a gente totalmente desesperada que necesita poder emprender una nueva vida lejos del horror.

En España, las declaraciones de algunas políticas como Carmena y Ada Colau en las que expresan su deseo de acoger a refugiados sirios son atacadas por los de siempre diciendo que son políticas partidistas. Un político británico se quejó de que Aylan, el niño sirio que murió en las costas de Turquía, estaba bien vestido y bien alimentado.  He leído foros en los que se quejan de que hay refugiados que llevan ropa de marca y tienen smartphones. Siento verdadero asco y vergüenza por la raza humana. Se me revuelven las tripas sólo de pensar en que haya gente que pueda verter ese tipo de mierda por la boca.

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Como dijo Kinan, un niño sirio de 13 años que habló con muchísima más sabiduría de la que presumen algunos de nuestros gobernantes, los refugiados sirios no quieren venir a Europa; lo que quieren es que les ayudemos a parar la guerra en Siria. No quieren abandonar su país, su familia ni sus costumbres, sino poder retomar una vida normal y en libertad. Nadie en su sano juicio querría emprender un viaje de incierto final, irse a la otra punta del mundo y abandonar todo lo que conoce. Lo que todos ellos quieren es lo mismo que queremos aquí: vivir tranquilos y en paz; no tener que renunciar a nuestro derecho a la felicidad. Aunque quieran que pensemos que sí, no somos tan diferentes.

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Cierro los ojos y vuelvo a ver la sonrisa de Zaid. Y veo también a Aylan muerto en una playa y los ojos tristes de Kinan pidiendo a Europa que ayuden a acabar con la guerra en Siria. Y, aunque no soy religiosa ni creyente, miro al cielo y pido, no sé muy bien a qué ni a quién, que cuide de Aylan, que plante una semilla de lógica en los gobernantes europeos para que escuchen a Kinan, que todos esos niños que han tenido que huir del terror más absoluto puedan volver a sonreír como Zaid sonríe ahora. Y, sobre todo, que todo esto no vuelva a ocurrir nunca más.

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Resulta que hay chicos a los que les gustamos gordas*

Hoy me ha ocurrido una de esas cosas que hacen que te dé un vuelco al corazón y que, en mi caso, me empujan a encender mi ordenador y a ponerme a escribir como una descosida. Hoy me salto la regla que parece regir este blog en el que casi siempre escribo desde la tristeza, la rabia o el enfado.

Una de las cosas sobre las que suelo escribir en la revista online en la que colaboro, Proyecto Kahlo, es sobre la imagen de las mujeres gordas en la sociedad; siempre desde mis propias vivencias. Ya en mi primer artículo hablé de la evolución de mis sentimientos hacia mi propio cuerpo. He participado con fotos que jamás pensé que hubiera sido capaz de publicar en Twitter (miles de gracias, Doctora Glas, por tus series de #Belleza). En otro de mis artículos más íntimos me desnudé, figurada y literalmente, para explicar lo que una chica gorda vive en su piel.

Y resulta que hoy, curioseando las redes sociales mientras iba en el autobús, me he topado con esto. Me ha encantado la visión del autor y me ha hecho confirmar una vez más que para gustos, están los colores. Además justo este mes he compartido este texto sobre la visión de la sociedad acerca de la sexualidad de las chicas gordas, con lo que sus palabras toman aún más sentido para mí.

Cuando he terminado de leer y me he fijado en el nombre del autor, este se ha quedado resonando en mi cabeza… Me sonaba mucho, y no estaba segura de qué… Y de repente he caído en la cuenta. Demasiada casualidad, he pensado. Entonces he hecho una búsqueda en Twitter, por si sonaba la flauta. Y… ¡Voilà! Mis sospechas se han confirmado. Lo que voy a escribir a continuación es lo que me ha removido tanto por dentro. Veréis por qué:

Hace ya casi cinco años publiqué esta entrada en mi blog: Travesuras. En ella fantaseaba sobre un chico de mi clase de Comunicación Política. Yo por aquel entonces tenía novio, pero también dos ojos en la cara; y no podía evitar mirar furtivamente en clase a aquel chico de sonrisa pilluela. Me encantaba. Durante los dos siguientes años de la carrera, cada vez que me lo cruzaba por los pasillos no podía evitar mirarle embobada, porque me parecía muy atractivo. Comentándolo con algunas otras compañeras, pude darme cuenta de que no era la única que lo pensaba. La verdad es que, además de parecer un chico con ideas afines a las mías e interesante (¡incluso tocaba el saxofón!), era muy guapo.

El caso es que yo a veces notaba que él me miraba en clase. El relato de la entrada que he nombrado parte de esas miradas fugaces que yo creía que me lanzaba. Y digo creía, porque en el fondo yo siempre pensé que era fruto de mi imaginación. Un chico así JAMÁS se va a fijar en la gorda de la clase, Elo. No te flipes. Aquello no se sostenía por ningún lado. Terminé pensando que seguramente se había fijado en la que por entonces era  mi mejor amiga; una chica de cuerpo menudito y cara de ángel.

Y mira tú por dónde, resulta que ese chico es el famoso autor del artículo sobre los chicos a los que les gustan las chicas curvilíneas. Y de repente esta mañana, mientras soportaba el día gris que hemos tenido hoy en Madrid y el frío cortante en mi cara y en mis manos, una explosión de felicidad se ha desatado dentro de mí. Resulta que no estaba flipando. Que esas miradas podían ir dirigidas hacia mí. Que no era descabellado pensar que aquel chico tan guapo me encontrara atractiva.

¿Y qué? Me podréis decir. ¿Acaso necesitas la aprobación de un chico para sentirte guapa y deseada? No, no se trata de eso en absoluto. Es simplemente, que me encantaría poder decirle a mi yo de hace cinco años, al de hace siete, a aquella adolescente que se sentía rechazada por los chicos, a la niña que insultaban en el colegio, que ella era también foco de las miradas. Que ha podido levantar pasiones aunque estaba demasiado pendiente de sus complejos como para darse cuenta. Que aquellas personas que le han dicho que la encontraban atractiva NO MENTÍAN. Que sus novios y ligues estaban con ella porque les gustaba tal y como era. Que cuando una persona cercana le decía que era sexy o atractiva, lo pensaba de verdad.

A pesar de todas las inseguridades que aún tengo, cada vez veo más claro de que esa frase tan manida de que para gustos no hay nada escrito es verdad.  Creedme, es muy duro tener que aprender a asumir que le puedes gustar al resto cuando debería estar claro que así es. A mí siempre se me ha recriminado que tengo un gusto extraño para los chicos; pero a mí me llama una chispa, un gesto, unas manos bonitas, unos ojos expresivos. Y entonces encuentro guapa a esa persona, digan lo que digan los demás.

Al autor del texto que me ha alegrado el día sólo le puedo dar las gracias. Porque sus palabras me han calado muy hondo, me han hecho sentir feliz y, sobre todo, he terminado de asumir que yo también soy sexy. Y que tengo mi público.

*Me permito reinterpretar el título del artículo de We Lover Size para mi texto de hoy.

Nuevas acepciones

Desde hace varios meses he ido experimentando un curioso fenómeno. Las palabras han adquirido nuevos significados, y los sentimientos se han transformado profundamente. A pesar de todos estos cambios, me estoy adaptando perfectamente a ellos porque me hacen feliz. Muy feliz.

Puede parecer extraño, pero un beso ya no es un beso, sino un muxu. Las cenas ya no son cenas, sino exquisitos manjares. Las noches se han convertido en días, porque tú las llenas de luz.

La incertidumbre hacia el futuro permanece ahí, latente, escondida entre mis pensamientos; pero ya no me agobia como antes porque sé que no estoy sola en el tortuoso camino que es la vida. Me está costando desprenderme de otros sentimientos como la vergüenza, pero poco a poco va despareciendo. Y sé que un día sólo será el recuerdo de una molestia que ya no está junto a mí.

Cada viejo miedo es un reto superado. En el último tiempo he superado muchos, muchísimos miedos. Sé que todas esas inseguridades que acechaban mi espalda desde tiempos inmemoriales se están quedando atrás para dar paso a un sentimiento de seguridad en mí misma que hacía tiempo que no experimentaba. Me miro al espejo y sonrío mientras pienso que soy capaz de hacer todo aquello que me proponga.

Las risas inundan mi vida diaria. No hay día que esté junto a ti en el que no me ría. Y sólo eso basta para hacerme sentir afortunada. Tus abrazos y tus besos son el motor de mis días. Mi cuerpo te echa de menos cuando no estás; y cuando estás, no puede evitar acurrucarse junto a ti. Cada vez que mis ojos te miran, mis labios se curvan hacia arriba para mostrar la más sincera de todas las sonrisas. Es una reacción inevitable. Y una caricia tuya es suficiente para hacer que todo mi organismo entre en ebullición.

Los sueños se van tiñendo de realidad. Si quiero, si queremos, los podemos cumplir. Sólo hace falta eso, querer. Y quererse. Así que nos podemos considerar afortunados, porque tenemos todos los ingredientes necesarios para que la receta de nuestros sueños esté para chuparse los dedos. Y pronto, muy pronto, podremos darnos un atracón inmenso de sueños, que son el alimento del alma. Y nos quedaremos saciados hasta encontrar el siguiente sueño que cumplamos.

Yo misma he sufrido un gran cambio. He dejado de llamarme Elo para pasar a llamarme Neska. Tu Neska. Cualquier otra denominación que venga de tus labios suena raro. Porque a tu lado no puedo ser otra cosa, ni tener otro nombre.

Desde hace varios meses, la esperanza tiene nombre propio. La esperanza se llama viajar, sentir, querer. La esperanza se llama Nepal, Donosti, Madrid. La esperanza se llama Javier.

Leap of faith

El sábado pasado, uno de esos pilares fundamentales que una necesita para no tambalearse más de lo necesario en la vida, me hizo un regalo muy especial: una copia impresa de este blog. En ella se recogen cinco años de vivencias y devenires, y termina justo el 31 de diciembre de 2013. Porque, tal y como ella me dijo, en 2014 ha empezado una nueva etapa. Lo sé, lo siento dentro.

En esa copia impresa hay un prólogo en el que me anima a seguir escribiendo. Desde que tengo memoria, siempre he escrito, ya haya sido en alguno de mis múltiples diarios, en diferentes blogs, en webs, en cursos de narrativa o expresamente para concursos literarios. No puedo imaginarme mi vida sin escribir; la escritura es una especie de catarsis en la que vuelco todos mis sentimientos y que me ayuda a desahogarme y no volverme loca del todo. Escribir es para mí algo tan necesario y básico como respirar.

Por eso mismo, porque me resulta una actividad fisiológica más, nunca he pensado que tenga madera de escritora, ni que pueda tener éxito como tal. Pero también es verdad que las decisiones académicas y profesionales a lo largo de mi vida han sido bastante desastrosas. Quizá he estado equivocada todo este tiempo y escribir podría ser un camino plausible en mi vida. Puede que tenga cierto talento. No lo sé. Lo que sí sé es que no quiero quedarme con la duda; así que he cogido un cuaderno, un bolígrafo, y he apuntado las fechas de entrega de varios concursos literarios a los que puedo presentar mis escritos. En ese mismo cuaderno iré apuntando todas las ideas que se me cruzan a diario por la mente y que desecho porque creo que no son material relevante, o porque no sé cómo terminarlas. Y les daré una y mil vueltas hasta que cojan forma. Y me lanzaré a la piscina.

Tía Elo… Mil gracias :-)

Casi siempre que escribo en este blog es porque estoy triste, enfadada, o ambas cosas a la vez. Hay algunas entradas sobre momentos de alegría, pero la mayoría son fruto de momentos complicados de una teenager que se encamina peligrosamente hacia la treintena y cuya vida está inmersa en una ciclotimia sin remedio.

Pero últimamente mis miedos e inseguridades van desapareciendo, sin prisa pero sin pausa. Y puedo escribir sobre la felicidad. No sé si es que algo ha cambiado en mí o si tú eres el culpable. No importa. Por una vez voy a dejar de preguntarme el porqué de todo lo bueno que me sucede y me dejaré llevar. Porque el camino hacia donde me llevan mis pasos termina en tus brazos.

Como las mejores cosas de la vida, has llegado inesperadamente, en un momento en el que yo me había cerrado en banda y no buscaba algo así. A pesar de todo, no ha sido difícil hacerte un hueco en mi vida. Porque, como me dijiste, todo entre nosotros es smooth. Esa es la mejor palabra para definirlo. Sencillo, sin complicaciones, natural. Como si estuviera planeado de antemano. El maktub de mi muñeca cobra más sentido que nunca. Tu despierta tus sueños se ha convertido en mi realidad. Están más vivos que nunca.

Yo siempre lo complico todo con dudas, preguntas sin respuesta y miedos, todos los del mundo. Pero ha bastado menos de un mes para que me dé cuenta de que todas esas cosas pertenecen al pasado. Porque no se corresponden con cómo me siento ahora.

¿Y cómo me siento? Me siento segura, guapa, deseada, protegida, afortunada, ilusionada… Pero, sobre todo, feliz :-)

 

Haciendo balance

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El año pasado dije que no iba a desear un feliz 2013 porque en 2012 lo hice y fue un año de mierda. ¿Y este año? También ha sido un poco mierdero en algunos aspectos; pero si ha tenido algo bueno es que he dejado atrás todas las cosas malas que me trajo el año anterior, que eran muchas. La más importante de todas sin duda ha sido el que mi madre esté bien y haya superado un momento duro. Eso es lo que más feliz me ha podido hacer.

2013 no me ha traído el trabajo que necesito, ni me ha tocado la lotería… En definitiva, no me ha traído nada material. Pero esa frase que dice que “las mejores cosas de la vida no son cosas” es totalmente cierta. 2013 me ha traído a mis Fridas y Kahlos, me ha dado la oportunidad de que lo que escribo llegue a mucha gente, he hecho viajes estupendos con las mejores personas del mundo (Lisboa, Sevilla, Barcelona), he salido todo lo que no había salido en el último tiempo, me he reído mucho, muchísimo… He vivido. Y me he dado cuenta de que soy más fuerte de lo que pensaba y de que puedo sobreponerme a las cosas malas que nos trae la vida. Me he conocido a mí misma mucho mejor.

En este año, mucha gente se ha quedado en el camino; otras personas, muy importantes para mí, están lejos (Bea, Michelle, Elena), pero siempre en mi cabeza, otras están a punto de irse, y otras acaban de llegar y espero que se queden. Y luego están las que siempre han estado, y siempre estarán.

2013 empezó con una tristeza que me invadía desde hacía unos meses y con un viaje reparador a Lisboa con Eloi y Alberto que me llenó de positivismo. ¿Y cómo termina? Digamos que este último mes del año ha sido de lo mejor que me ha pasado en estos 365 días: Fiesta con las mellis y Ofe, Palentinos varios con Vero, reencuentro con Raquel, comida navideña con Cristian, Iván y Ana; sesión de cine con Rub, costreo en casa con Elena, cena navideña con mis Fridas, risas con mi familia y hoy, una fiesta con los de siempre, Letis, Esther, Isa, Richard… Y un último domingo del año en el que me lo pasé como hacía tiempo que no me lo pasaba :-)

Así que este año tampoco os voy a desear un feliz 2014. Os voy a desear un 2014 lleno de risas, viajes, cervezas con la gente que os importa, conversaciones por skype con esa persona que está lejos, postales de alguien importante, besos, cantes, bailes, paseos, comidas ricas, abrazos, películas, canciones… Las cosas malas ya vendrán solas; pero las buenas las podéis construir vosotrxs. Yo lo he aprendido en 2013 y lo pienso seguir poniendo en práctica :-)